1ª revisión
Hace no mucho estrené nueva moto, ahora le toca la primera revisión y tengo que llevarla al taller. Como vivo en un pueblo alejado del mundanal ruido decidí pasar unos días fuera aprovechando el viaje, y para no aburrirme en el albergue me llevé la guitarra, cosa que nunca antes hice yendo en dos ruedas.

Preparé la ruta por carreteras poco transitadas y descubrí en el mapa un camino que conducía a un sitio interesante: la cueva del cura Merino, donde me imagino que se ocultaba de las tropas del tirano imperialista. Y bien escondida que debe estar que no llegué a ella, pero en mi caso porque iba con la guitarra a cuestas y no era plan de jugársela máxime cuando la tierra estaba todavía humedecida por las fuertes lluvias de la semana anterior, así que hice una foto del lugar y quedó pendiente la visita para mejor ocasión, que en esta tengo otras cosas que hacer.

La mañana estaba fresca. Al atravesar los pueblos algún que otro paisano parecía sorprendido al verme pasar con el equipaje; se veía poca gente por la calle, tampoco había tráfico apenas por estos lares, algo bueno debe tener la España vaciada. Me permití parar en el arcén para sacar fotos.

Daban lluvia a media mañana y no me entretuve mucho por el camino, llegando a la gran ciudad justo con las primeras gotas. Me acoplé en el albergue y esperé que pasase la tormenta. Por la tarde parecía que el tiempo daba tregua y di una vuelta para completar los mil kilómetros del rodaje de la moto. Al pasar por un pueblo me detuve en la iglesia de Santa María que es bastante antigua, del siglo XII pone en el cartel de la entrada, probablemente edificada sobre los cimientos de otra de origen visigodo. Cuenta con el mayor osario del país, pero esto desde fuera no se ve.


En el mismo pueblo hay una estatua en honor al rey visigodo Wamba, sucesor de Recesvinto cuando falleció en la villa real de Gérticos en el siglo VII, que los historiadores situan en este sitio o en Jerte (Cáceres). En un primer momento Wamba no aceptó la corona; parece ser que las intrigas palaciegas le forzaron a ocupar el trono, justo lo contrario de lo habitual en estos casos sucesorios.
Prosegí el paseo hasta el Monasterio de la Santa Espina, ahora reconvertido en colegio de técnica agraria dándole un uso más pragmático, pero me parece que todavía, y afortunadamente, los monjes tienen su lugar de adoración.
Cerca del lugar sale una pista que conduce al embalse de igual nombre que el santuario, sobre el río Bajoz; el cielo empezaba a ponerse gris.

Aunque el ambiente era apacible acompasado por el canto de un pájaro solitario, la amenaza de lluvia se cernía cada vez más próxima...
... así que me apuré en regresar cuanto antes pero la nube me alcanzó y tuve que refugiarme de manera improvisada. Con el agua también bajaba granizo fino.
Cuando escampó continué el regreso con las nubes aún persistentes, pensaba en poner luego la ropa en el secadero pero no hizo falta, era más la sensación de frío lo que tenía: el cubrepantalón de plástico funcionó bastante bien, y la cazadora; también los guantes que se secaron por la noche, al igual que botas y calcetines. Antes tomé una foto del cultivo que abunda por esta zona, no sé exactamente de qué se trata, pudiera ser colza.

Al día siguiente llevé la moto al taller, justo después del desayuno, tempranito. Estuvo lista en un par de horas que empleé en pasear por la rivera del Pisuerga, llegando hasta la confluencia del Esgueva en un salto donde se oxigenan las aguas, que falta les hace.
Después del taller recogí los pertrechos en el albergue y puse rumbo al Mar de Pinares que es una amplia extensión boscosa en la provincia de Segovia. Con la premura de soltar el equipaje cuanto antes, y que se aproximaba la hora de comer, antes de llegar al destino paré en un hostal de carretera que contaba con restaurante, gasolinera y máquina de lavado a presión, esto último me vino bastante bien al final de la jornada. Después de reposar el menú empecé la ruta por carreteras y pistas atravesando pinares previos a la zona que pretendía llegar, pero que deben formar parte de lo mismo como pude comprobar por las características del terreno (en la foto se aprecia la piña en la que apoya la pata de cabra para que no se hunda). El camino estaba marcado por mojones de piedra.

Empezaba a ponerse difícil el trayecto teniendo que avanzar en primera y segunda, ocasionalmente tercera y remando con frecuencia; me resultó un poco raro ver el cupulín delantero apuntando de frente mientras el manillar giraba de un lado para otro en estos caminos de arena, parecía que el chásis fuese de goma, tengo que acostumbrarme porque las motos de campo que tuve antes tenían el típico faro de enduro.

Es zona de recolección resinera. La arena estaba bastante suelta y las cuestas eran auténticas dunas del desierto. Después de un buen trecho empezaba a cansarme y no tenía intención de estar toda la tarde en ese tramo; miré el GPS y vi que estaba más cerca del inicio que del final de aquel monte y me di la vuelta.

Desistí de ir al Mar de Pinares después de esto, el neumático mixto tampoco favorece aunque se comportó noble, en general esta moto es muy manejable. Inicié un regreso circular hacia el hostal para no pasar por donde la ida, y el panorama cambió en pocos kilómetros.

Durante una hora deambulé a ojo por las pistas, tomando los cruces por orientación, pero no vino mal algún que otro letrero indicativo.

Me confié del buen estado de las pistas pero en cierta curva la vegetación ocultaba una zona de barro con reguero encharcado; entré desequilibrado y fue gracias a un oportuno apoyo con el pié que me libré del arrastrón, afortunadamente llevaba botines que aunque de carretera tienen la suela lisa deslizante, de haber sido con huella de agarre me hubiera podido hacer un esguince. Finalmente di con un tramo asfaltado que me sacó del monte.

A la mañana siguiente ya con la montura limpia y el tanque lleno me volví para casa, quería estar a la hora de comer y sacar del frigorífico el cocido que tenía preparado. La ruta toda de asfalto...

... bueno casi toda, que un tramo final hice por pista con buen drenaje que conocía. Después del quasi enduro de ayer, incluido el andante con moto de cuando me metí en el cenagal, las rectas de la carretera se me hacían largo ma non troppo.

Ya en casa hice el reportaje y me di cuenta de que no salía la guitarra, por lo que he preparado un clip conmemorativo de esta excursión de tres días por tierras castellanas, que por cierto el domingo vuelvo a Valladolid a presenciar en primera fila el estreno de la 9ª Sinfonía Coral cantada en español.